Food Packaging Trends and What They Mean For Product Inspection

Cada año, llegan a todos nuestros océanos alrededor de ocho millones de toneladas de plástico. Con artículos como las botellas de plástico que tardan hasta 450 años en biodegradarse, está claro que este nivel de contaminación es insostenible. Peor aún, hay numerosos datos que demuestran que los microplásticos transitan ya por la cadena alimentaria humana. Darse cuenta de que los plásticos están causando un daño ambiental permanente está alentando un cambio social importante. Con políticos, defensores del medio ambiente y consumidores pidiendo que se tomen medidas inmediatas, las principales marcas de alimentos andan buscando urgentemente alternativas a los plásticos desechables y revisando sus políticas de envasado a largo plazo. Sin embargo, resulta bastante complicado encontrar sustitutos que cumplan los mismos requisitos que los plásticos.

El envasado es parte de un proceso complejo que asegura que los alimentos estén protegidos, así como que se entreguen y presenten de forma eficaz. Debido a su versatilidad, el plástico se usa en casi todas partes en lo que respecta al envasado. Es duradero, ligero, de bajo coste, resistente al agua y requiere menos energía en los procesos de producción que otros materiales. En resumen: el plástico cumple con todos los requisitos que espera de un buen material de envasado y reemplazarlo no es tan sencillo.

Materiales de envasado alternativos

Puesto que los plásticos son perjudiciales para el medio ambiente, se requiere un material que se caracterice por una compatibilidad medioambiental ejemplar. Los materiales que son productos secundarios del procesamiento de alimentos y son biodegradables se ven de forma favorable. Por ejemplo, el celofán de pulpa de celulosa, el PLA de maíz (ácido poliláctico) y el bagazo, un residuo obtenido a partir de la refinación del azúcar de caña. También se están reconsiderando alternativas más tradicionales: las cajas de cartón pueden reemplazar a las fabricadas con poliestireno para hamburguesas, mientras que las botellas de vidrio, que se han reciclado durante mucho tiempo, pueden sustituir a las de plástico. Del mismo modo, el papel de aluminio reciclable podría ser una alternativa al film transparente que se usa en las comidas preparadas.

Sea cual sea la elección desde una perspectiva medioambiental, la introducción de un nuevo material de envasado en la línea tendrá inevitablemente consecuencias en otras partes del proceso: como la selección de la planta de producción o los requisitos de transporte. El plástico es más ligero y menos propenso a dañarse durante el transporte que el vidrio, por ejemplo. Esto significa que, al transportar productos en envases de vidrio, se requiere más combustible debido al material de envasado con mayor peso. Además, el vidrio tiene más probabilidades de romperse que los plásticos. Esto podría provocar un mayor desperdicio de alimentos durante el transporte y la resultante contaminación con vidrio.

Otro aspecto que se ha de considerar es la influencia del nuevo material en el diseño del envasado. ¿Se pueden conservar el tamaño y la forma originales del envase? ¿El material alternativo será tan flexible o tan fácil de moldear? ¿Ofrecerá las mismas propiedades de transparencia que el film transparente? ¿Se puede imprimir la imagen de marca directamente o ahora se requiere una etiqueta independiente? En las aplicaciones de alimentos, se consideran otros aspectos en lo que respecta a las propiedades higiénicas de cualquier alternativa de envasado de plástico.

La elección del material de envasado influye en el proceso de inspección

Los fabricantes de alimentos invierten en tecnologías de inspección de productos para comprobar que los alimentos que producen no contienen contaminación física y cumplen con los requisitos normativos y de la marca. Para mantener la seguridad del consumidor, es importante considerar la probabilidad de que el rendimiento en la inspección de productos se vea afectado por haber elegido envases que no sean de plástico.

En la mayoría de las aplicaciones en las que el producto se ha envasado anteriormente en plástico, pero el nuevo material de envasado ha hecho pocos cambios o ninguno en el tamaño y la forma del envase, el equipo de inspección de productos actual debería realizar algún ajuste o ninguno. El tamaño y el formato del producto que se inspecciona son mucho más importantes que el envasado exterior a la hora de realizar una inspección eficaz del producto.

Un sistema de inspección por rayos X existente que comprueba los envases de plástico con poca profundidad puede seguir proporcionando excelentes resultados si el envasado pasa a estar compuesto por cajas de cartón poco profundas de dimensiones similares. Sin embargo, cuando todo el envase se rediseña y cambia significativamente de tamaño y forma (por ejemplo, las galletas que antes se presentaban en una bolsa ahora se envasan en una caja alta), el equipo de inspección de productos actual puede verse afectado. De hecho, es probable que en estas circunstancias se deba volver a evaluar y configurar toda la línea de envasado para optimizar el rendimiento mediante el nuevo diseño del envase.

Algunas opciones para reemplazar el envasado supondrán desafíos de detección específicos. Por ejemplo, si la detección de metales ya está instalada para detectar posibles contaminantes en una línea de producción de comida preparada, el hecho de introducir una lámina de aluminio para reemplazar una de plástico podría afectar al rendimiento. Básicamente, la lámina metalizada puede engañar al equipo de inspección haciéndole creer que se ha producido una contaminación. En estos casos, el producto podría inspeccionarse antes de añadir la lámina de aluminio al envase, o bien puede que sea necesario cambiar la detección de metales por un sistema de inspección por rayos X. No obstante, si la lámina de plástico se reemplaza con celofán de pulpa de celulosa, por ejemplo, no se produciría ningún efecto negativo en el sistema de detección de metales.